
Empecé a andar forzando mi esqueleto putrefacto y lleno de óxido. A lo mejor el cuerpo había iniciado su retorcida venganza: ‘Ya vas a ver patojo mico‘ me susurraba desde el oído interno.
Levanté la vista al cielo, ví la luz entre las ramas … ¿ Era eso un avión ? Mi madre me llevaba una vez más a despedirme de mi padre al aeropuerto … partía a otro de sus viajes. No nos marchábamos hasta no ver despegar el avión.
¿ Tu papá también viaja ? - le pregunté a la niña de al lado.
No - me respondió - yo solo vengo a ver los aviones.
Adiós pués - me dijo -
Y mientras corría, el eco de sus pasos envueltos en suela de neumático desgastado y tiras de cuero, perfumó toda la sala.