
Y la noche se me echó encima. Mi madre me cubría lentamente con las sábanas aún frías. Me daba un beso, yo hacía una mueca y un guiño con los ojos cerrados. Buenas noches mamá. Escuché la voz de mi padre al fondo, entre las sombras de los árboles: ¿Se durmió ya ?.
Antes de llegar a ese sitio recuerdo que solía fumar como un obseso, beber como perro, arrastrarme en cuatro patas y bajar las orejas. Eso había motivado mi huida y salí como los ladrones, caminando de puntillas y con el salón a media luz.
[...] Perros blancos - IV [...]
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